Felicidad Clandestina

Hace un tiempo decidí estudiar portugués seriamente. Los que hablamos español muchas veces creemos que con un poco de entonación y una sonrisa generosa dominamos el “brasilero”. No es así.

Empecé por motivos académicos, que es la actividad que más me moviliza últimamente. En otra época me gustaba ir a un taller literario en el que descubrí que lo mío era escribir poesía (tremenda autosorpresa), bailar tango, leer ávidamente toda la literatura posible. Los años y el afán por investigar me llevaron a la academia, que a pesar de sus códigos a veces muy competitivos y de una exigencia altísima, me hace muy bien. Adoro descubrir cosas.

Un día me postulé a una beca de maestría para estudiar un tiempo en Brasil. Para mi sorpresa, la gané. Y antes de subirme al avión decidí inscribirme en el Laboratorio de Idiomas de la Facultad de Filosofía y Letras. Un lugar altamente recomendable para estudiar cualquier idioma, en el que aprendés a ver y sentir el mundo en otra lengua.

Una vez en Brasil, dominé la giria (algo parecido a nuestro lunfardo), y las formas de hablar que hacen que el español y el portugués sean dos idiomas bien diferentes. Volví, di examen de nivel (pasé varios niveles con todo lo que había aprendido en la “rua”), y ya estoy casi terminando el curso completo: puedo escribir un cuento, una ponencia, pronunciar las vocales nasales, sonorizar las z.

Y como sigo adorando la literatura pude leer a Clarice Lispector, una de mis autoras favoritas, en su lengua original. Hoy tuve que rendir mi examen oral para pasar al último nivel de portugués, y elegí hablar de ella. Volví a leer el cuento que más me gusta: Felicidade Clandestina. Lo busqué en español para compartirlo con esos amigos con los que leemos cosas lindas a la noche, vinito de por medio, pero las traducciones que encontré en Internet no eran muy buenas. Además, a mi cuento preferido ¡le faltaba la frase del final! y un párrafo por el medio que es la descripción más perfecta de la maldad que leí en mi vida. En un acto de justicia, y aprovechando que la academia me acercó al portugués, le regalé a la literatura, y a mi parte sensible, la traducción del cuento de Clarice al español y acá lo dejo para mis amigos y para cualquiera que pase por esta página.

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